TALLER DE LECTURA : LUCES DE BOHEMIA.
Este trabajo pretende comentar contigo aspectos destacados de Luces de Bohemia (el momento en que se escribió, lo que ha dicho el autor de su teatro, opiniones de la crítica…), pero debe insistir en que es tu interpretación y tu lectura de la obra lo realmente importante. Hay muchas cuestiones que dilucidar y muchos puntos de vista para hacerlo; lógicamente, estas páginas no pueden ofrecerte todos, pero sí tratarán de darte sugerencias, abrir nuevos enfoques y ayudarte a que desarrolles tu propio criterio. Como ves, de ninguna manera pretende, ni puede, suplantarte en tu papel. Tendrás que enfrentarte al texto y juzgar por ti mismo. No hay resumen del argumento ni esquemas; todo parte de tu lectura de la obra.
1.- “-ESTÁ BUENA ESPAÑA!”. SITUACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL.
El régimen político que en España se llamó la Restauración comenzó con un golpe militar y terminó con otro. Su inicio fue el “pronunciamiento” (así se les denominaba en el siglo XIX) del general Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874; su final, el golpe de Estado (ya estamos en el siglo XX y el progreso tenía que notarse) del general Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923. La intervención de los militares en la política en los siglos XIX y XX no era extraña en absoluto, pero la Restauración duró, entre ambas intervenciones del ejército, casi cincuenta años, lo que hace de este régimen uno de los más duraderos de la historia reciente – y eso es más extraño.
LUCES DE BOHEMIA se sitúa en este período, ya en su parte final, hacia 1920, aunque tiene referencias a otros momentos políticos de la historia de España.
Hablamos de Restauración, ¿pero qué es lo que se restauraba? Sencillamente, la dinastía borbónica. Los Borbones se habían caído del carro del trono de España con la reina Isabel II en 1868, en la revolución que se llamó “la Gloriosa” (la referencia aparece en la obra cuando Don Latino dice: “Yo fui a París con la Reina Doña Isabel”). La monarquía se restauraba no en la reina, sino en su hijo Alfonso XII. El gran artífice de esta política fue Cánovas del Castillo. Su idea básica era que la monarquía era consustancial a España, mientras que la democracia era algo “doctrinal”, es decir, teórico, pero no práctico. No debe extrañarte que la constitución de 1876, fundadora del régimen, valorase por encima de todo la institución monárquica y el papel del rey, prestando poca atención a la democracia. El rey podía nombrar o despedir ministros, podía disolver las Cortes. Alfonso XIII (de quien el personaje Dorio de Gadex dice que es “el primer humorista”) hará uso de esta facilidades e intervendrá en política muy a menudo. Pero sobre la democracia la constitución nacía coja, o casi paralítica; establecía un sistema bicameral – Cortes y Senado - , pero el sufragio, el voto, era censitario. Es decir, votaban solamente aquellos que cumplían el requisito de ser propietarios. De esta manera el cuerpo electoral en 1886 lo formaban nada más que el 2’1 por 100 de la población.
Aun así, este régimen funcionó durante casi cincuenta años. ¿Por qué? (pregunta que puedes extender a otros regímenes políticos). En principio podemos hablar de la pasividad o, si prefieres, de la bajísima conciencia política del pueblo español. Nadie, excepto los que vivían de ella, tenía interés en la política. Por supuesto que hubo oposición al sistema, pero los republicanos y el movimiento obrero (la Internacional) eran una minoría. Los cartilistas, también adversarios de Cánovas, tampoco lograron acabar con el régimen.
El sistema de Cánovas empleaba la “alternancia” basándose en dos partidos mayoritarios: el conservador, que dirigía él mismo, y el liberal, encabezado por Sagasta. La regla de oro de la “alternancia” era respetar el turno en el poder, como en el juego de la oca: yo gobierno ahora, después tú, luego yo… Fíjate que, en el reinado de Alfonso XIII, a partir de 1902 van a gobernar, primero, los conservadores; en 1905, los liberales; en 1907, los conservadores de nuevo; en 1910, los liberales; en 1913, los conservadores y en 1915 (a ver si aciertas), los liberales, claro que sí.
Como ves, el electorado no fallaba nunca. Más justo sería decir que fallaba siempre, puesto que las elecciones se “fabricaban”. Tal y como suena. Los resultados estaban pactados entre las fuerzas políticas antes de que se celebrasen las elecciones. Existía el “encasillado”, que era el reparto de los escaños entre ellas. Para evitar sorpresas en el voto estaba el “pucherazo”, sistema por el cual llegaban a votar no sólo los muertos, ¡sino también los no nacidos! El control del electorado se realizaba a través de la figura de los caciques, pertenecientes a la élite local, provincial y regional, que actuaban como intermediarios del Estado. Su máxima era: a los amigos hacerles favores; a los enemigos aplicarles la ley. Llevándote bien con el cacique podías conseguir un empleo, un ascenso, una recomendación. La clase política que los usaba en su beneficio vivía en Madrid y se reunía en el Senado y el Congreso. Algunos de estos personajes aparecen en Luces de Bohemia. Maura, el más citado, pertenecía a la clase media mallorquina; tras estudiar Derecho en Madrid entró en el bufete de Gamazo – un cacique – y terminó casándose con su hermana. A partir de ahí comienza su carrera política. Otra figura es García Prieto, que tenía importantes intereses en compañías como la Unión y el Fénix, Tabacos de Filipinas, Banco Hipotecario… El conde de Romanones, gobernante, terrateniente, financiero y hombre de negocios, obtuvo grandes beneficios con las minas de hierro en Marruecos, cuyo control exigió la guerra con los marroquíes. Como ves, el dinero y el parentesco tenían una gran importancia en la clase política de la época. Las Cortes aparecían como un entramado de cuñados, yernos, suegros… (“un yerno más”, que exclama Dorio de Gadez).
Don Antonio Maura aparece varias veces en Luces de Bohemia y es ferozmente criticado:“charlatán” o “rey del camelo” son algunos epítetos que se le dedican. Pero responden a algo real, no a una antipatía personal del autor. Maura fue un personaje tremendamente impopular a partir de la llamada Semana Trágica, en julio de 1909. Fue un levantamiento espontáneo en Barcelona contra el embarque de tropas para la guerra de Marruecos. En aquellos años sólo iban a la guerra o cumplían el servicio militar, quienes no podían pagar “la cuota”. Con frase de los agitadores de la época: se derramaba la sangre de los obreros, y los burgueses se quedaban en casa (“No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón”. La insurrección de la Semana Trágica se canalizó contra la Iglesia y contra la monarquía. De hecho, se declaró la República en el cinturón industrial de Barcelona, pero ni solcialistas ni anarquistas fueron capaces de dirigir el movimiento. La represión fue tremenda y la impopularidad de Maura por ello también. El grito de “¡Muera Maura! Se extendió por toda España. Te puedes hacer una idea de la dureza de la oposición a Maura con la declaración del diputado socialista en el Congreso, Pablo Iglesias, cuando le dijo a éste: “[…] hemos llegado a considerar que antes que su señoría suba al poder, debemos acudir al atentado personal¨”.
Maura dimitiría el 21 de octubre de 1909, en lo que podemos llamar el comienzo de la crisis de la Restauración, el telón de fondo de Luces de Bohemia. La llamada “alteranancia” de los partidos políticos en el ogobierno se había escindido en tres grupos principales y no se ponían de acuerdo para gobernar. El rey tenía que tomar decisiones políticas continuamente. En 1917 estalló una grave crisis que acabó con la salud del sistema instaurado por Cánovas.
Y ya que hemos hablado de la clase política, ¿Qué le ocurría al trabajador? Pues el cuadro era bastante negativo. El sistema productivo español estaba atrasado, con una industria obsoleta, como por ejemplo la industria textil catalana. El estado de la agricultura era aún peor, con situaciones claramente feudales en lo que se refiere a las condiciones laborales, los derechos de los trabajadores del campo y la enorme concentración de la propiedad en unas pocas familias.
Desde el final de la Guerra europea (1918), hubo en España un aumento de precios sustancial y continuado hasta 1921, lo que afectó gravemente a los económicamente más débiles. Algunos historiadores indican que el nivel de vida de los asalariados descendió en un 21 por 100 de 1914 a 1921. Esta situación explica las profundas convulsiones que van a recorrer España en los años 1919 y 1920. Los trabajadores habían comenzado un fuerte proceso de organización, fundamentalmente alrededor de dos polos: el movimiento anarquista de la CNT y las Casas del Pueblo del PSOE. Los tremendos capitales obtenidos por patronos y empresarios durante la guerra europea, la disparidad entre los salarios y los beneficios, el aumento de la inflación y la carestía de precios llevó a los trabajadores a luchar por sus reinvindicaciones, en algunos casos con el recurso a la violencia.
La situación era extremadamente tensa, sobre todo en Cataluña, donde, en 1919, a raíz de la huelga de la Canadiense – que suministraba energía eléctrica – se declaró el estado de guerra. Los militares ocuparon las calles, instalaron ametralladoras… Lo mismo sucedería en Madrid en febrero de 1919. Las tropas salieron a la calle para reprimir asaltos a tiendas de comestibles y comercios. En este mismo año, con la llegada de la cosecha llegaron las grandes movilizaciones de los trabajadores agrícolas andaluces. Las huelgas aumentaban de día en día ( El Imparcial cifró en 130 las huelgas en el Ayuntamiento de Madrid en octubre de 1919). Hay que tener en cuenta, además, la gran influencia que tuvo la Revolución rusa de 1917, como un gran impulso moral a luchar por sus derechos.
Pero si había lucha y organización obrera, también la había empresarial. Cuando la patronal catalana decreta el lock out - cierre de las fábricas – en 1919, lo hizo dos veces para enfrentarse al movimiento sindical y, además, se negó a admitir a trabajadores afiliados a los sindicatos. Aliados con el ejército, que compartía las tesis de mano dura frente a los huelguistas, acusaron al gobierno de debilidad y decidieron emplear la violencia. Es el llamado pistolerismo “blanco”. Obreros destacados, dirigentes sindicales, fueron eliminados por asesinos contratados (“Barcelona alimenta la hoguera del odio…”, como dice el preso catalán en Luces de Bohemia). El movimiento anarquista no dudó en responder, y los atentados, las bombas, se hicieron cada vez más frecuentes. La represión patronal adoptó diversas formas: asociaciones seudocívicas que colaboraban con la policía en la represión de los manifestantes; sindicatos libres que empleaban la violencia armada contra los obreros; finalmente, la ley de fugas, aprobada en 1921, que permitía a las fuerzas del orden fusilar a cualquier preso con la excusa del intento de fuga.
Como ejemplo, tomemos el verano de 1920 en Barcelona: había 32.000 obreros en huelga. Sólo en el mes de octubre, siguiendo las notas de prensa, 35 sindicalistas fueron acribillados a tiros en las calles barcelonesas. El general Martínez Anido, militar que había declarado públicamente su apoyo a la patronal, fue nombrado gobernador civil el 8 de noviembre. Tras su nombramiento, en el breve lapso de veintiún días, hubo 22 asesinatos por la violencia patronal y obrera.
PREGUNTAS Y ACTIVIDADES (SUGERENCIAS):
- Si te acercas a una biblioteca o hemeroteca podrás ojear algún diario de aquella época. Te aconsejo los de los años 1919 o 1920. Con el material que hayas recogido, recrea o inventa una primera plana de un periódico con noticias – huelgas, manifestaciones, asaltos… - que se correspondan con el ambiente social de Luces de Bohemia.
- Y por aquello de la justicia histórica, en vez de silenciar la muerte del preso catalán, ¿cómo darías en tu periódico esa noticia?
2.- “UN SIGLO A CUESTAS”. HISTORIA Y TIEMPO.
¿Y por qué todo este resumen histórico? Pues bien, en primer lugar, si tomas en consideración la situación social y política, verás que frases como “Todos los días un patrono muerto, algunas veces dos” o “Una buena cacería puede encarecer la piel del patrono catalán” tienen un significado y una profundiad mucho mayor que la de unas palabras ingeniosas. Detrás de ellas late una enorme injusticia y una espeluznante violencia. En segundo lugar, ahora podemos hacer una pregunta: “¿Cuándo ocurre la acción de Luces de Bohemia?
Si analizas someramente los hechos referidos y los personajes históricos mencionados en la obra, verás que hay serias dificultades para definir el momento histórico en que se desarrolla. La referencia a don Jaime de Borbón (escena III) hay que situarla con anterioridad a 1910: las visitas a España del pretendiente carlista fueron frecuentes antes de esa fecha, pero no posteriormente. La figura de don Jaime llegó a hacerse muy popular, realizando incluso entrevistas en la prensa. En 1907 estuvo en Madrid de incógnito, paseándose por la calle, visitando a personalidades carlistas (entre ellas, muy probablemente, don Ramón), además de conceder entrevistas de prensa, como la realizada para la revista Por Esos Mundos (Madrid, 1907). Las referencias al rey de Portugal, Manuel II obligan también a retrotraer el tiempo con anterioridad a 1910, fecha en que fue destronado este monarca. Pero en la escena IV se menciona como un hecho la Revolución rusa, lo que nos sitúa con posterioridad a 1917. Poco más adelante se considera como escritor vivo y activo a don Mariano de Cavia, que falleció en 1919. Sin embargo, en la escena VI hay de nuevo un salto temporal, pues, al referirse a la ley de fugas, la acción ocurre forzosamente a partir de 1921. La referencia a García Prieto, que acaba de ser nombrado presidente del Consejo por Alfonso XIII (escena VII), vuelve a llevarnos a noviembre de 1917, cuando formó gobierno por segunda vez, pero la asociación patronal denominada Acción Ciudadana comienza su actividad en 1919. Pérez Galdós había muerto en 1920, y siguiendo la obra parece que acaba de fallecer. El sargento Basallo fue liberado en 1923, aunque el libro por el que sin duda lo nombrarían académico, Mi cautiverio en el Rif, apareció en 1924. El torero José Gómez falleció en 1920; Rubén Darío, en 1916. El preso catalán dice que “existen las Colonias Españolas de América”…
Parece que no es tan fácil decidir el año en que estamos. (Por cierto, trata de calcular la edad de un personaje como Don Latino; resulta curioso.) Y ya que hemos empezado por algo evidente, sigamos por el mismo camino. Se citan personajes de la historia de España: Carlos II, Felipe II, Isabel II; se alude a políticos como Castelar, y además hay referencias al Dos de Mayo, a la Inquisición, la leyenda negra, la guerra carlista… Y todo ello en el lapso temporal de la acción de Luces de Bohemia, es decir, apenas veinticuatro horas. ¿Por qué esa mezcla de referencias? ¿Es una casualidad o tienen una función?
La obra nos sitúa alrededor de 1920, eso es innegable, pero su trama temporal se teje con personajes y hechos históricos que no pudieron coincidir en el tiempo, con referencias al pasado y al presente; son hechos cronológicamente datables y situables, pero su combinación, su sabia mezcla tiene una finalidad estética. En este aspecto podemos decir que el autor “condensa el tiempo”. No trata de referirse a un hecho concreto; al contrario, a través de ese hecho quiere explicar caracteres de todo un período. Los hechos históricos, por lo tanto, no están escogidos al azar: el autor sopesó y modificó aquellos que consideraba no podrían ir más sallá de la immediatez del momento. Veamos algunos.
En la primera versión de Luces de Bohemia, aparecida en 1920, podemos leer:
“ - Precisamente ahora está vacante el sillón de don Benito el Garbancero. / - Se lo darán a don Torcuato el Aceitero”. En la versión en libro editada en 1924, que es la que tú lees ahora, esa referencia a don Torcuato se cambió por “Nombrarán al Sargento Basallo”. ¿Por qué? Por los motivos que fuesen, el autor prefirió, como un elemento que iría más allá de su época, al sargento Basallo, figura asociada a la guerra marroquí, que alcanzó enorme popularidad a su regreso, con el éxito de su libro. Se perfila así una crítica implícita a la carencia de gusto estético, a la aceptación de cualquier clase de literatura con tal que sea de éxito masivo, frente a don Torcuato Luca de Tena, al que apuntaba en 1920.
Es una característica en el quehacer de Valle-Inclán el gusto por la perfección, de ahí que revisase su obra casi podemos decir que contínuamente. En el caso de Luces de Bohemia, cada hecho o mención histórica trata de plasmar una de las concepciones del autor: la representación de una época histórica a través de unos momentos escogidos; limitados, sí, pero que llevan en su interior la explicación del proceso general. Presenta un momento histórico terrible, pero al mismo tiempo intenta sugerir los motivos que lo han causado. Y lo hace con las referencias a la historia de España, tanto actual como pasada.
Parafraseando La Lámpara Maravillosa – el libro en el cual don Ramón explicó su estética - , se trata de crear un momento que contenga todos los momentos, que resuman en su brevedad lo que fue y lo que va a ser. Ese momento en que, con sus propias palabras, “todas las cosas se inmovilizan como en un éxtasis, y en el cual late el recuerdo de lo que fueron y el embrión de lo que han de ser”.
Luces de Bohemia, a través de su “tiempo condensado”, no pretende exponer sólo la apariencia, sino desvelar la esencia de la sociedad en que vivió el autor. (¿Sabías que, durante la dictadura franquista, la censura consideraba Luces de Bohemia una obra dirigida contra el régimen y trató de suprimir no sólo frases sino escenas enteras? Prueba a cambiar términos como “fondos de reptiles” por “fondos reservados”, juega con eso de “el señor ministro no es un golfo”, verás que, lamentablemente, hay mucho de actualidad todavía.)
3.- “UNA MATEMÁTICA PERFECTA”. EXTRUCTURA DE LUCES DE BOHEMIA.
La obra vio la luz en la revista España, en los números de julio a octubre de 1920. Para su edición en libro (editorial Renacimiento, 1924) el autor, además de cambios estilísticos, añadió tres escenas (II, VI y IX). Con esto, además de aumentar la profundidad temática de la obra, dejaba una estructura precisa y clara en quince escenas.
Lo primero que salta a la vista es la estructura circular de la obra. Si en la primera escena nos hallamos en la buhardilla de Max Estrella, con la invitación al suicidio colectivo que hace a su familia (“Con cuatro perras de carbón, podíamos hacer el viaje eterno”), la obra se cierra con una referencia a este ambiente, la muerte misteriosa de dos señoras – la mujer y la hija del poeta – con el tufo de un brasero y la duda del titular de prensa “¿Crimen o suicidio?”.
3.1.- Simetría y simbolismo estructural.
Si tomas como base la acción, verás que puedes dividir el conjunto de las escenas en dos grupos: las doce primeras – con todo el simbolismo de este número - , en las que tiene lugar el recorrido madrileño del poeta y su muerte, y las tres últimas, que relatan los hechos inmediatos al fallecimiento del poeta. Si atiendes a la función que cumplen, sucede lo mismo: las doce primeras plantean la obra, las tres finales son un anticlímax. Ambos grupos de escenas tienen el mismo lapso temporal: doce horas, Max sale de su casa al anochecer y regresa para morir de madrugada en la escena XII; las tres escenas restantes ocupan el mismo tiempo, el velatorio acaba sobre las cuatro de la tarde, seguidamente se desarrolla el entierro, y finaliza la obra ya de noche en la taberna de Pica Lagartos. Otro elemento que contribuye a la simetría de la obra son las apariciones del preso catalán: primero, como prisionero sin identificar (escena II); posteriormente, en el calabozo, junto con Max Estrella (escena VI), y, al final, la referencia a un preso que pretendía fugarse (escena XI). Puedes encontrar otros ejemplos de este tipo de referencias, como la capa empeñada por Max Estrella (escena III), que se menciiona de nuevo en la escena XII; las invitaciones al suicidio (escenas I y XI)…
3.2.- El tiempo.
Hemos dicho que la obra se desarrolla en un espacio temporal muy breve. ¿Es por mantener la norma clásica de “unidad de tiempo”? ¿Responde a otras concepciones del autor? En varias cartas, entrevistas y conferencias, don Ramón habla de los efectos de reducir el tiempo:
“ En mis obras he procurado reducir los conceptos de espacio y tiempo de tal modo, que desde que empieza la acción hasta que termina, a lo sumo transcurren veinticuatro horas, y a todo lo más, día y medio […] Si nos cuentan de un hombre de noventa años que ha perdido a sus padres, a su esposa y a sus hijos, la emoción no puede apoderarse de nosotros. A esa edad todos somos huérfanos y hemos podido perder hijos de sesenta años. Pero si esto mismo nos lo dicen de un hombre de veinte años, ya apunta el drama, cuya intensidad aumentará de una manera considerable si reducimos los conceptos de espacio y tiempo haciendo coincidir estas muertes en un día, en una hora, en un mismo sitio” (Entrevistas, p. 323).
Está claro que Luces de Bohemia es un buen ejemplo de esa “reducción temporal”, tanto históricamente (como ya hemos visto) como en el sentido trágico que el autor espera provocar en el público.
3.3.- El espacio.
Veamos qué ocurre con el espacio. La obra se desarrolla en Madrid, pero en múltiples escenarios, lo que podríamos llamar la diversidad escénica. Mejor que lo diga el autor:
“ - ¿Pues cómo ha de ser el teatro, don Ramón?
- El nuestro, como ha sido siempre. Un teatro de escenarios, de numerosos escenarios. Porque se parte de un error fundamental, y es éste: el creer que la situación crea el escenario. Eso es una falacia porque, al contrario, es el escenario el que crea la situación. Por eso el mejor autor será siempre el mejor arquitecto. Ahí está nuestro teatro clásico, teatro nacional, donde los autores no hacen más que eso: llevar la acción sin relatos a través de muchos escenarios (Entrevistas, p. 584).
En un espacio de tiempo sincopado, la obra trascurre en multitud de ambientes – taberna, café, la calle, comisaría, redacción de un periódico, etc. – y con una gran cantidad de personajes (cincuenta y cuatro, según la lista del Dramatis personae: es la obra teatral de don Ramón con mayor número de caracterizaciones). Fíjate en que las escenas y los personajes funcionan como múltiples segmentos que sólo tienen sentido vistos en conjunto, por así decirlo, como piezas de un rompecabezas que únicamente al verlas ordenadas y en su totalidad nos ofrecen la figura completa. Por ejemplo, un personaje sin función alguna aparentemente, como el borracho de la escena III, revela toda su importancia al cerrar la obra con su sentencia de “¡Cráneo previlegiado!”
3.4.- Acotaciones.
Para terminar el apartado sin aburrirte mucho, vamos a echar una ojeada a las acotaciones, o sea, las indicaciones que da el autor referidas a la acción, los personajes y a lo que conviene al desarrollo de la escena. Ya te habrás dado cuenta de que son muy literarias, pero tal vez no te has fijado en la importancia de la luz. Desde la primera escena, “penumbra rayada de sol poniente”, las indicaciones sobre la luz aparecen en casi todas las acotaciones: “Media cara en reflejo y media en sombra”, “Luz de acetileno”, “parpadeo azul del acetileno”, “En la llama de los faroles unigual temblor verde y macilento”, “La luz de una candileja”… Y hay muchas más que puedes buscar tú.
Otras indicaciones son muy plásticas, como si nos describiesen un cuadro, por ejemplo, “Sobre las campanas de los sepultureros, al hombro las azadas lucientes”. Esta es una constante – acotaciones literarias, importancia de la luz, descripciones plásticas – del teatro de don Ramón: la concepción de la obra como un gran espectáculo visual.
Dos años después de la publicación definitiva de Luces de Bohemia, en 1926, comentando a José Santa Cruz un proyecto de representar El gran teatro del mundo, Valle-Inclán le escribía diciéndole que la plasticidad de los personajes, los trajes y colores, las formas y los contrastes, “son en el teatro moderno, milagros que hace la luz”.
PREGUNTAS Y ACTIVIDADES (SUGERENCIAS):
- Veamos un pequeño problema. En la acotación primera de la escena reza: “El perfume primaveral de las lilas embalsama la humedad de la noche”. De ahí que esperemos estar en primavera; sin embargo, en la escena XIV, la acotación sugiere otra estación del año: “La tarde fría. El viento adusto”, y además, los dos sepultureros sindican claramente que la acción transcurre en otoño: “- No falta faena. Niños y viejos. / la caída de la hoja siempre trae lo suyo”. Dado que la acción de Luces de Bohemia transcurre en veinticuatro horas, eso parece una contradicción. ¿Tú qué opinas? ¿Fue una distracción del autor? (De hecho, la frase “el perfume primaveral…” se añadió en 1924). ¿Es deliberado y lo que ocupa el autor es dar la ambientación adecuada – tarde fría, otoño – para la escena del cementerio?
- Don Ramón era un gran admirador del Duque de Rivas. Hablando sobre teatro decía que Don Álvaro, al final sobre todo, es un ejemplo admirable de obra construida con esa técnica de “unidad de acción y variedad de lugar” (Entrevistas, p. 497). ¿Crees que puede decirse eso de Luces de Bohemia, “unidad de acción y variedad de lugar”? Analiza un poco ese final de Don Álvaro o la fuerza del sino, que a Valle-Inclán tanto le gustaba.
- Si tienes tiempo, trata de calcular la edad de Don Latino.
4.- “LOS ENIGMAS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE”. TEMAS DE LA OBRA.
¿De qué trata Luces de Bohemia? Evidentemente basa su acción dramática en el recorrido nocturno de un poeta olvidado y su muerte. Pero eso es la anécdota, la excusa para un mensaje de mayor alcance.
4.1.- Denuncia de la situación histórico-social: el hambre y la corrupción política.
Un tema evidente es la problemática histórica y social, como ya hemos visto en las primeras páginas de este trabajo. Las referencias son muy numerosas, por ejemplo, al hambre. Las manifestaciones tumultuarias, con asalto y saqueo de tiendas, se relatan con frecuencia en la prensa de 1919; en la obra se dice: “Corren por la calle tropeles de obreros. Resuena el golpe de muchos cierres metálicos”, o “El pueblo que roba en los establecimientos públicos…”. Frente a las organizaciones obreras y a las manifestaciones – a veces espontáneas – para saquear abastecimientos, aparecen organizaciones patronales amparadas por la policía y el Gobierno. Una de ellas es la Acción Ciudadana, también llamada Asociación o Unión Ciudadana. Según una nota aparecida en El Imparcial (21-XII-1919), se definía como sigue: “Se nos interesa hagamos constar que Unión Ciudadana no tiene color político alguno; es una agrupación de hombres de bien que sólo aspira a mantener el orden social y la tranquilidad pública, dispuestos a proceder enérgicamente conrta la actuación bastarda de los explotadores de la revuelta callejera”. (Compara con lo que dice Pica Lagartos:
“ El CHICO DE LA TABERNA: ¡Un marica de la Acción Ciudadana!
PICA LAGARTOS: ¡Niño, sé bien hablado! El propio republicanismo reconoce que la propiedad es sagrada. La Acción Ciudadana está integrada por patronos de todas circunstancias y por los miembros varones de sus familias. ¡Hay que saber lo que se dice!”
Esta organización participaba protegiendo a los esquiroles, como en la huelga de tranvías de Madrid en diciembre de 1919, o cargando con la policía contra los manifestantes. De ahí que en Luces de Bohemia se hable del “cate” que le alcanzó a Crispín, o del enfrentamiento entre manifestantes y “polis honorarios” con el resultado de la muerte de uno de ellos”.
A veces el lenguaje político de la época puede resultar un poco desconcertante, sobre todo si mezcla términos religiosos y políticos, hecho muy frecuente en los primeros veinte o treinta años del siglo. Denominar “apóstoles” a los miembros destacados de un partido no sorprendía a nadie; y términos como “redención”, “La revolución es gran caridad”…, aparecen empleados en muchos escritos y periódicos obreristas. En algún caso, esta terminología puede ser un poco confusa, como la frase de Max Estrella: “Barcelona semita sea destruida”. El término semita, por extraño que suene, fue empleado para referirse a la Barcelona comercial, y trazas de ello aparecen en algunos catalanistas, como Pompeyo Gener, que atribuye a la influencia semítica el peso que tienen los “intereses materiales”: “He ahí lo sagrado y lo que prima todas las manifestaciones de la actividad humana en Cataluña”. Y en la actividad mercantil y comercial, critica a esos “neojudíos” que se dedican a “burlar las leyes del Estado con el contrabando, o mezclar algodón a la lana y a la seda, dar poco peso, hacer corta la medida, vender con muestras falsas […] atrasarle – al obrero – el reloj a la salida de la fábrica para que trabaje más tiempo” (Cosas de España, 1903). Es ese mundo de explotación y estafa la referencia de “Barcelona semita”.
La corrupción se manifiesta en los “fondos reservados”, popularmente llamados de “reptiles” (escena VIII), que los Ministerios de Gobernación y Estado distribuían sin ningún control. Curiosamente se empleaban para sobornar periodistas, y no para pagar confidentes policiales. Así los periódicos ocultaban un suceso o lo suavizaban y si no recibían dinero emprendían una campaña de descrédito. Otra forma de usar el presupuesto público era con la concesión de empleos o cargos públicos a los periodistas a quien se quería recompensar o controlar políticamente. Los beneficiarios con semejantes trabajos – generalmente ficticios – no tenían que asistir y se limitaban a cobrar el sueldo. Es conocida la anécdota sobre el periodista y escritor Manuel Bueno, que cobraba como “ama de cría” del Ayuntamiento de Madrid, eso sí, rebajada de servicio. Bonafoux habla de un bohemio que llegó a ser “mulo del ejército” y cobraba unas pesetas al mes para paja y cebada. Sean o no ciertas esas anécdotas, muestran que el uso de dineros y cargos públicos con fines privados no era ni desconocido ni inusual. Y, por supuesto, los “fondos de reptiles” apuntan directamente a la prensa, a la que don Ramón suele criticar en su obra. No hay más que leer la escena en la redacción de El Popular (escena VII), o la afirmación del Preso: “Van a matarme¿Qué dirá mañana esa Prensa canalla? (final de la escena V) para comprobar lo dicho.
4.2.- La muerte.
Pero además hay un tema, raramente señalado, que resulta evidente nada más leer la obra: la muerte. Desde el mismo comienzo de la obra aparece el suicidio; vuelve a repetirse cuando Max le dice a Don Latino: “Te invito a regenerarte con un vuelo”; el preso catalán y Max Estrella (escena VI) aparece de nuevo en la conversación. Es innecesario mencionar la escena del velatorio, pero ya en la siguiente, la decimacuarta, otra vez Rubén Darío y el Marqués de Bradomín vuelven a referirse a “Ella”. Fallecen Max Estrella, su mujer y su hija; son asesinados el obrero catalán y el niño de la escena XI… Parece que no es una cuestión de apreciación subjetiva, sino que el autor conscientemente insistió en este asunto. ¿Por qué?
Ante todo recuerda que Valle-Inclán era una persona religiosa en el sentido profundo del término. Además, la muerte de los inocentes, las víctimas inocentes, como las ha estudiado Ildefonso Manuel Gil, es un tema frecuente en su obra
[1] (los cuentos “Beatriz” y “Rosarito”, el final de la Sonata de Primavera, el chamaco devorado por los cerdos en Tirano Banderas, por poner algunos ejemplos), y en Luces de Bohemia aparece con el niño de la escena XI. ¿Qué función cumple esta víctima inocente? Mostrarnos la falta de valores éticos, la “chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte” de la sociedad española: ante el asesinato del niño, el tabernero comenta que “Son desgracias inevitables para el restablecimiento del orden”; el Retirado afirma que “El Principio de Autoridad es inexorable”, y para Don Latino “Hay mucho de teatro” en el dolor de la madre. El anarquista será asesinado por los mismos policías que deberán custodiarlo, pero nadie protestará ante semejante desafuero. Y el cadáver de Max Estrella, desde su descubrimiento hasta el terrible y grotesco velatorio, sufrirá todo tipo de vejámenes.
Además, a través de los personajes, vemos diversas maneras de enfrentarse a la muerte. Max Estrella es partidario del suicidio, sin ninguna creencia (Para mí, no hay nada tras la última mueca”; el preso catalán, resignado y conocedor de su fin, se yergue con una entereza casi fatídica (“Bueno. Si no es más que eso”). Para estos dos personajes sólo resta “la impotencia y la rabia”. Rubén Darío, reacio a hablar de la Dama de Luto, se declara creyente (“ - ¡Yo creo! / - ¿En Dios? / - ¡y en el Cristo!”, y el marqués de Bradomín, con su humor cínico, también decide escoger, entre todas las muertes, la “muerte cristiana”. Hemos dicho humor cínico, pero Bradomín también habla con un hondo sentido cuando afirma: “No es más que un instante la vida”, repitiendo una idea que puedes encontrar en otras obras del autor, por ejemmplo, el poema “Rosa de Job”: “¡La vida!... Polvo en el viento / volador”. La discusión de estos personajes (escena XIV) sobre las voces “cementerios”, “necrópolis” y “camposanto” encierra mucho más que juegos de palabras. Es en el término “camposanto”, o sea, cementerio de los católicos, donde ven una “lámpara”, una luz, algo con lo que evitar el horror de “perecer sin esperanza en el cuarto de un Hotel”.
4.3.- La religión.
¿Podríamos encontrar otras escenas en la obra donde estén presentes alusiones religiosas? Probemos con el preso catalán (escena VI). Su nombre es Mateo, generalmente tomado como referencia al anarquista español Mateo Morral (1880-1906), quien estuvo en la misma tertulia que Valle-Inclán la noche anterior a cometer el atentado contra los reyes de España. Sin negar este aspecto, ten en cuenta que Mateo es el nombre de un apóstol asesinado por la espalda. Este nombre, entre otras interpretaciones, se lee como “mano de Dios”. ¿Es casualidad que el preso catalán, poco antes de salir de la celda para morir, diga: “¡Señor poeta, que tanto adivina, no ha visto usted una mano levantada?”. Se nos habla de “Iglesia”, de la “religión nueva”, y Max Estrella llama Saulo al anarquista, y le encomienda predicar la nueva religión. Creo que puede decirse que, sin contradecir la denuncia social o el humor negro sobre los patronos catalanes, hay un nivel de simbolismo religioso en esta escena.
Así pues, Luces de Bohemia no plantea un único tema – aunque al estudiar la obra se ha hecho generalmente mucho más hincapié en la denuncia social -, sino varios al mismo tiempo y sin contradicciones entre ellos, pues el gran problema de fondo es la carencia de valores de la sociedad española, ejemplificada en una serie de ambientes, discusiones y comportamientos individuales.
PREGUNTAS Y ACTIVIDADES (SUGERENCIAS):
- La escena segunda fue añadida en 1924. En ella tienes un importante debate sobre la religión. Sin duda verás relaciones con cosas ya mencionadas, pero trata de analizar lo que dice cada personaje más detalladamente. Frases como: “Si España alcanzase un más alto concepto religioso, se salvaba”, “hacer la Revolución Cristiana”, ¿qué sentido tienen en la obra?¿Por qué crees que el autor coloca esta discusión sobre la “gran miseria moral” de la sociedad española casi al comienzo de la obra?
- En un fragmento de una novela de Valle-Inclán, Viva mi Dueño (1928), se ofrece la respuesta de un periodista ante la queja de que un gitano ha sido apaleado brutalmente por la Guardia Civil. No tendrás problema en relacionarlo con una escena concreta de Luces de Bohemia. ¿Y con un tema?:
“No soy el Director. Eso lo primero. La dirección resuelve en estas cuestiones… Pero, dada la sensatez del periódico, no puede acoger en sus páginas una denuncia tan grave. En ese respecto, nuestra doctrina es no crear dificultades a los Órganos del Poder. No sé si ustedes me habrán comprendido. ¡Es indiferente! ¡Tengo a mi cargo la confección del periódico (Espasa Calpe, 1992, p. 257-258).
5.- “¿CÓMO SE LLAMA USTED? REALIDAD E INVENCIÓN DE LOS PERSONAJES.
“Querido Darío:
Vengo a verle después de haber estado en casa de nuestro pobre Alejandro Sawa. He llorado delante del muerto, por él, por mí y por todos los pobres poetas. Yo no puedo hacer nada; usted tampoco, pero si nos juntamos deja un libro inédito. Lo mejor que ha escrito. Un diario de esperanzas y tribulaciones.
El fracaso de todos sus intentos para publicarlo y una carta donde le retiraban una colaboración de sesenta pesetas que tenía en El Liberal le volvieron loco en los últimos días. Quería matarse. Tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso.”
(La carta no lleva la firma de Valle-Inclán; únicamente una cruz trazada con esmero).
Estas letras de don Ramón a Rubén Darío ante la muerte de Alejandro Sawa (1862-1909) muestran la honda impresión que le causó este hecho. Admitamos que esté aquí la génesis de Luces de Bohemia, en ese dolor ante el terrible final de Sawa y ante la situación de los escritores, “los pobres poetas”. ¿Es Max Estrella un trasunto de Alejandro Sawa? ¿Tienen alguna base real los personajes de Luces de Bohemia?
Generalmente se acepta que el autor recreó una serie de literatos y bohemios de su época: Max Estrella es Alejandro Sawa; Zaratustra se identifica con el librero y editor Gregorio Pueyo; Soulikane vendría a ser Ernesto Bark; Ciro Bayo sería Don Gay Peregrino… El trabajo más destacado en esta línea es, sin duda, la obra de Zamora Vicente La realidad esperpéntica
[2] . Posiciones diferentes, o mucho más matizadas tocante a la posible identificación de los personajes, también tienen su lugar en la crítica, como en Valle-Inclán, Azorín y Baroja, de Ildefonso Manuel Gil, quien afirma que “Max Estrella tiene del Sawa real mucho menos que del real Valle-Inclán”.
Como no es posible discutir detenidamente todas las identificaciones, vamos a limitarnos a exponer los problemas que éstas plantean, centrándonos en la figura de Alejandro Sawa. El primer obstáculo estriba en los recuerdos o testimonios que se escogen para sustentar una identificación entre los personajes reales y sus contrafiguras en Luces de Bohemia. Los recuerdos de unos y otros sobre un mismo personaje son a veces contradictorios y, con frecuencia, se aducen testimonios muy posteriores en el tiempo a su muerte, pero escasísimas veces se mencionan testimonios coetáneos. A modo de inventario, Ernesto Bark retrata así el bohemio:
“Existe sólo su yo, ante el cual desaparece todo el resto […] De Sawa se retiraron igualmente los amigos, cansados de servirle de pedestal de vanidad o eco de su amor propio. Solo y solitario se encuentra hoy el artista que hubiera podido fundar sólidamente la novela modernista […] Como Delorme, Fraguas, Luís París y otros ha encontrado protectores valiosos y creo que un banquero inteligente y generoso sigue todavía protegiéndole (Modernismo, 1901, p. 65-66).
¿Es Alejandro Sawa el Max Estrella de Luces de Bohemia?
Y dado que no hay dos sin tres, queda el problema de la fiabilidad de los recuerdos o confesiones. Don Nicasio Hernández Luquero afirmaba en su artículo publicado en 1967 que en el velatorio de Alejandro Sawa a “Valle-Inclán, siempre extraño y fantástico, se le antojó que Alejandro estaba vivo. Hubo que buscar un espejo…” (cita tomada del trabajo de Ildefonso Manuel Gil). Pues bien, sabemos que ni Valle-Inclán pidió un espejo ni se empeñó en que Sawa estuviese vivo. Ese hecho, que ocurrió realmente, lo protagonizó Ernesto Bark, como veremos al analizar en detalle, y comparativamente, el velatorio de Sawa y el de Max Estrella.
En una entrevista realizada por el escritor y periodista Ernesto López Parra a Ernesto Bark (¿1925?) y publicada póstumamente en La Libertad (Madrid, 7-XI-1926), aparece esta visión de las causas de la muerte del escritor: “El gran Alejandro Sawa se suicidó con una inyección de morfina, preparada por él, que le aplicó su mujer sin saberlo”. Aunque la mayoría de los testimonios coinciden en que Sawa murió ciego y loco, no puede descartarse por completo el suicidio. De entrada, Valle-Inclán afirma en su carta que “quería matarse”. Por otra parte, ya hemos visto cuántas alusiones al suicidio hay en la obra. Es imposible saber si fue o no un suicidio, pero en cualquier caso la muerte de Max Estrella y la de Sawa no tendrían nada en común (tampoco la tienen ateniéndonos a los hechos conocidos). Las siguientes declaraciones de Bark son altamente reveladoras:
“¡Pobre Sawa! ¡Yo le quería mucho! En París vivimos juntos. Por cierto que el día de su muerte sucedió un caso insólito. Yo no quería que se le enterrase hasta que el cuerpo diese señales de descomposición, porque me inquieta mucho pensar que alguien puede ser enterrado vivo. Tuve que librar una lucha tremenda con los sepultureros, que querían llevárselo a todo trance, en seguida. Luego me enteré que Vallé-Inclán habían publicado en la revista España un artículo contra mí, llamándome espía ruso y afirmando que me había opuesto al entierro de Sawa por no sé qué cosas urdidas por su fantasía. Claro que cuando me encontré a Valle-Inclán en la calle, nos pegamos”.
[1] Compárese con el ambiente trágico y esperpéntico del “Guernica” de Picasso.
[2] ZAMORA VICENTE, Alonso: La realidad esperpéntica. Aproximación a “Luces de Bohemia” , Madrid, Ed. Gredos, 1969.