Antoine González: À bâtons rompus

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Antoine González
Alcalá la Real, Jaén, Spain
En los riscos escarpados de las calles de su pueblo, se hunden las raíces de Antoine. Mitad francés, mitad alcalaíno. Si hubiera otra mitad sería del fondo del mar, donde los pulpos se esconden entre las rocas y los lenguados desafían al pescador, camuflados en la arena. Nunca antes he visto tanta ilusión y tanta energía en un mismo cuerpo de atleta. Lola
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Mis paseos con Esmeralda en París

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Cicloturismo en la Sierra Sur de Jaén

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Cazorla 20-4-2008

PRIMERA COMUNIÓN DE MÉLANIE

La pequeña princesita Mélanie en el día más feliz, con sus papás y su familia, rodeada de amor y construyendo un recuerdo cálido para siempre.

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lunes 7 de julio de 2008

15ª Subida al Veleta: el pico de las águilas 6/7/2008

videoPretendo con este vídeo realizado en las alturas de las águilas, mostraros mi versión de la decimoquinta subida al Veleta, carrera que realicé con el corazón dividido entre la montaña y el aeropuerto García Lorca de Granada. Mi hija Esmeralda me dejaba para volver a París y en una misma jornada tuve dos citas, una que me mordió como un perro rabioso y otra que machacó mis músculos como una roca punzante. En este momento, el tiempo transcurrido ha mitigado el dolor y ha hecho más dulce el recuerdo. En ese día corrí como un fantasma volando al cielo para cumplir con la montaña y despedir al avión que se llevó mi alma.

lunes 9 de junio de 2008

CRÓNICA DE LA III RUTA CICLOTURISTA BTT DE ALCAUDETE

III RUTA CICLOTURISTA BTT DE ALCAUDETE. 8 DE JUNIO DE 2008.


Crónica cicloturista como un poema en prosa para leer ante un semáforo.


Un trofeo que no pudo ser.


Hace dos años, en la primera edición de esta marcha, me obsequiaron con un trofeo por representar a la Peña de Motril, club participante más lejano. Se trataba de una maqueta de la fortaleza calatrava de Alcaudete también denominada en tiempos árabes Hisn al-Qabdaq, “castillo de los manantiales”.


Aquella ruta compartía con ésta el principio: la larga cuesta hasta llegar al primer avituallamiento sólido en lo más alto de un monte de olivos; y en su tramo final, la Sierra de Ahillos, donde nos esperaba otro avituallamiento, el tercero en esta última edición.


Íbamos dos alcalaínos en aquella ocasión, uno de ellos médico de profesión, Manuel Zafra. Vestía el maillot del club MTB alcaudetense y, además, intervino en el auxilio de un ciclista que se cayó y se partió la clavícula en uno de los carriles descendiendo por el trazado curveado y trialero en la vertiente de esa Sierra. Este año, por suerte, ningún trágico suceso ha marcado esta ruta. Alguna que otra caída, como la de Eduardo Soler que se hirió el antebrazo izquierdo sin graves consecuencias.


Aquel año apenas acudieron 70 ciclistas. Este domingo, hubo una congregación de unos 180 participantes, de los cuales una decena eran de Alcalá la Real y otros tantos de Castillo de Locubín. Además concurrieron participantes de otros clubes de Jaén, Torreperogil, Bailén, Jamilena, Granada, Montefrío, Doña Mencía, etc. Hice unas fotos en las que posaron casi todos los ciclistas delante del Santuario Nuestra Señora de la Fuensanta.


La marcha arrancó a las 9:30 del Parque al que da nombre la Virgen del Santuario, se adentró en el casco urbano de Alcaudete, hizo un breve recorrido por calles adoquinadas, al pie de las murallas del castillo y salió de la ciudad por la carretera de la estación, en dirección a la antigua escombrera. Desde ahí siguió el carril de las viñas y cruzó el puente de piedra sobre la vía verde hacia Vadillo Romero. En este punto hubo que vadear el río Víboras; a continuación, tras superar una empinadísima cuesta, bajo un viaducto, accedimos directamente a la antigua plataforma del tren del aceite. Los ciclistas cruzaron el pontón y encontraron al final de éste un primer avituallamiento líquido que fue providencial para proseguir por tierras secas y polvorientas, girando en ese punto hacia la izquierda en dirección al “Cortijo el Almendro”. Una vez pasado el Cruce del Chaparral tuvimos acceso a la carretera de Martos.


El recorrido de esta nueva ruta apenas transcurrió por asfalto. La organización priorizó un circuito por carriles de ensueño como un trazado de escritura estilográfica por encantadoras tierras de maravillas recién espabiladas a la dulzura del viento y del sol, fruto de este mes de junio lluvioso, similar a tierras nórdicas en algunos paisajes.


A poca distancia de coronar la cumbre de esta ruta, a unos 1100 m de altitud, llegamos a un paraje que parecía el Edén: un valle de vegetación exuberante al pie de un cerro verde, con árboles frutales, y escalonados cultivos más allá de unos chaparros, una colina plagada de olivos, y un aire fresco con trinos de pájaros. Allí había otro avituallamiento.


Un poco más arriba me reuní con mis compañeros y mientras esperábamos, me subí ágilmente a un almendro seco. Hice unas fotos al grupo que permanecía en pie, al lado de las bicicletas, tomando un respiro y disfrutando del paisaje; los grabé con el ojo de la cámara, súbitamente convertido en esperpéntica visión o mirada sobre coturnos de soberbio actor tragicómico en la corteza troncal del humillado árbol. A mí también me fotografiaron: especie de “rara avis” mediterránea en extinción, enfundado su radiante plumaje en tropical maillot de ciclista aficionado. José Antonio Fuentes, de la peña alcalaína no sólo tuvo ese día buenas piernas, también acertó con su buen tino de fotógrafo. Como resultado de esta fotografía recíproca, tenemos esta curiosa secuencia del fotógrafo fotografiado, por doble partida.

En la fotografía de Fuentes, puede verse claramente que el motivo de la subida al almendro tenía por objeto buscar un mejor ángulo. ¿Y qué fue antes, el ciclista o el fotógrafo?

La marcha transcurrió en dirección al Cortijo Purguita, dejando a la derecha la Fuente Zarza. Un poco más lejos, el Cortijo Chircales y las ruinas de la Casería Solís. Después, otro tramo de asfalto, la carretera de las Casillas, y desde ahí en dirección a Cortijo Grande, Fuente la Teja. Por fin el desvío por un Carril Forestal, una rápida subida adelantando a muchos ciclistas hasta la Loma del Gitano y otro avituallamiento, éste con ricos bollos rellenos de nueces y almendras.


Llegamos muy pronto unos pocos. Se hizo larga la espera al resto de ciclistas. Algunos, mientras comíamos bajo los altos pinos, buscamos para sentarnos espacios soleados que iluminaban los embriagados y diapreados rayos del sol rompiendo aromas de resina, cerveza sin alcohol, agua mineral, limonadas, latas de “acuarius” y “coca cola light” así como otros refrescos.


Llegó Rubén Montañés, por quien ya nos estábamos preocupando: se había parado para ayudar a otro ciclista que había pinchado. Poco después, espectáculo circense, sube un joven Sansón, ciclista tirando de toda su peña con unas cámaras viejas atadas, la primera a la tija de su sillín y al manillar del compañero que le seguía, y así hasta el último. Todos con silueta de buenos vividores, con apenas gotas de sudor en la frente, y el joven coloso más fuerte que Hércules con los poros de su piel de cobre rebosantes de un halo fúlgido y sudoroso.


El perfil de la ruta fue de toboganes rompepiernas, con algunas cuestas sinuosas sobre carriles de piedras sueltas, bordeando una vegetación muy variada: olivos, almendros, higueras, chaparros, coníferas, zarzas, verdes prados y altas sierras lejanas. Los primeros diez kilómetros de bajada con trialeras a veces peligrosas, como las últimas del circuito en dirección a Fuente Amuña y la Ermita de la Fuensanta. Entre estos dos puntos extremos de la ruta: 15 kms de subida desde el río Víboras ( 400 m) hasta coronar 1100 m, tras descansar durante un cuarto de hora, nada rabelaisiano, en un paraje de jardín paradisíaco.


Luego un descenso de montaña rusa hasta bajar a los 880 m para volver a ascender a unos 950 m por las faldas de la Sierra de Ahillos. Desde ese calvero, otras veces subimos hasta el refugio del guarda forestal, y de haber seguido por esos senderos habríamos coronado la cumbre del Pico Ahillos a 1453 m de altitud.


Proseguimos detrás del vehículo de la organización por un carril rompepiernas de sucesivos toboganes hasta que, próximos a la meta, de súbito, mientras guardaba el móvil en el bolsillo trasero de mi maillot, arrancó el todo terreno y me dejó atrás. Esprintaron todos los que iban en el grupo de cabeza a lo largo de un ancho carril durante un par de kilómetros; creí, en un esfuerzo titánico, adelantarlos a todos, pero en cuanto aceleró el vehículo se había escapado Jose Miguel Contreras, mitad alcalaíno, mitad castillero, que había conseguido mantenerse detrás del coche y llegó primero. Cabe destacar que este compañero siempre lleva una prenda de la equipación de Ciclocubín y otra de la peña alcalaína.


En la bajada, se cayeron algunos, Eduardo Soler se lesionó el antebrazo izquierdo. Rafa Ramírez completó el recorrido (un total de 40 km) con vendas en las rodillas y en el brazo derecho. Se accidentó días antes, el viernes 6 de junio, sobre el asfalto que le había quemado la piel. Espero que no sea nada grave y pronto esté del todo recuperado. Nuestras cicatrices son gajes del oficio. Tatuajes naturales que adornan la piel de los ciclistas.


En esta ocasión participé con los colores de mi otra peña ciclista, el Club Radiovisión de Motril, al que tengo muy abandonado y me he propuesto llevar de vez en cuando su diseño. A pesar de todo, mi corazón es plenamente alcalaíno. Lo más valioso de esta marcha fue poder compartir momentos sublimes en plena naturaleza, rayanos en una aventura tipo “Paris-Dakar” en miniatura, no sólo por el polvo que durante algunos tramos fuimos tragando detrás del coche de la organización, sino por las gratas conversaciones que mantuvimos en los descansos, avituallamientos, disfrutando de sutiles aromas silvestres, de magníficos y emocionantes paisajes, y al final, durante la comida, de apacible complicidad y risas.


Antonio González Martínez, 9 de junio de 2008.


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