La 15ª Subida Cicloturista al Veleta ha supuesto un reencuentro con este “pico de las águilas” y me ha traído recuerdos y fragancias de Pinos Genil, el otro escenario de mi infancia.
En las alturas de Sierra Nevada tomé algunas instantáneas, no obstante realicé esta prueba de gran fondo con el corazón dividido entre la montaña y el aeropuerto García Lorca de Granada. Mi hija Esmeralda me dejaba para volver a París y en una misma jornada tuve dos citas, una que me mordió como un perro rabioso y otra que machacó mis músculos como una roca punzante. En este momento, el tiempo transcurrido ha mitigado el dolor y ha hecho más dulce el recuerdo. En ese día corrí como un fantasma volando al cielo para cumplir con la montaña y despedir al avión que se llevó mi alma.
En ediciones anteriores la marcha arrancaba desde el Hotel Bella María en Pinos Genil, no muy lejos de la panadería “La Duquesa”, propiedad de mis tíos. Este año la organización ha introducido varias novedades. Por un lado la salida desde el Estadio Municipal Los Cármenes de Granada, por otro lado la utilización de control electrónico de los dorsales en el cajón de salida con sus luces y sus sombras. Algunos perjudicados por los errores y horrores técnicos desistimos en las reclamaciones formales cuando la organización nos pidió un adelanto de 60 euros como condición previa para aceptar a trámite las quejas. Aunque escritas, algunas cláusulas son claramente abusivas.
Esta edición contó con dos recorridos alternativos que facilitaron la participación de todo tipo de corredores. Unos 800 ciclistas eligieron el ascenso al Veleta a 3294 m de altitud por una ruta de 51 km, con alta dificultad física. Alrededor de medio centenar de corredores prefirieron la variante de 33 Km con meta en Pradollano, a 2100m y dificultad media.
La Peña Alcalaína estuvo representada por 7 escaladores: Alberto Aguilera, Francisco Arjona, Rafael Arjona, José Miguel Contreras, José Antonio Fuentes, Jorge López y yo, Antoine González.
Los primeros 9 Km, que transcurrieron por Lancha del Genil y Cenes de la Vega fueron neutralizados hasta Pinos Genil, donde se dio la salida oficial. Aunque conocida, la ruta no deja de ser muy dura desde su comienzo. Amplias curvas con subidas del 9% de la carretera vieja A-4026, la antigua nacional a Sierra Nevada, sirven de aperitivo hasta enlazar con la A-395. Después, nuevas rampas del 9% hasta el Hotel La Higuera, hábilmente emplazado como un centinela en las puertas de un llano flanqueado por una formación de chopos boleana, trémulas hojas con envés plateado. Al final del arbolado se encuentran el Hotel El Guerra, a la izquierda, con su fachada salmón, y a la derecha el Hotel Restaurante Don José, con su exquisito jamón serrano. Desde ese llano se accede a un carril que nace a la derecha y lleva hasta un alto, el Purche, en el que se levantó en tiempos un sanatorio antituberculoso, convertido hoy en un bonito lugar de ocio dotado con restaurante, piscina y zona de acampada.
Tras el breve rellano, siempre subiendo, avistamos en una bifurcación el primer avituallamiento. No me detuve esta vez, preparado para las rampas del 12% que me esperaban hasta el segundo avituallamiento, en el cruce de la bajada a Pradollano. La sed me hizo reponer líquidos con avidez y me detuve fugazmente, lo justo para rellenar el bote de agua. Una dura rampa con curva cerrada a la derecha, seguida de un falso llano eterno me evocó todas mis viejas batallas épicas con esta montaña.
Este diabólico cambio de cadencias es mi asignatura pendiente con el Veleta y me hace siempre desear con desesperación llegar a la Barrera (2500 m), donde empieza realmente mi terreno. Situada en la Hoya de la Mora, la Barrera anuncia la auténtica escalada: 12 kilómetros de herraduras, las últimas con subidas del 13%, con pavimento en mal estado, baches y asfalto migado en gravilla por la erosión de los agentes atmosféricos.
Después de pasar cerca de la ermita de la Virgen de Las Nieves habían intercalado el tercer avituallamiento. Lanzado a un ritmo que aconsejaba no parar tampoco en este punto, dejé atrás la carpa de la organización. En este paraje la vegetación comienza a ser más escasa y los juníperos son rastreros, con sus ramas en crecimientos paralelos al suelo. A medida que la meta se intuía, aproximadamente a 3000 m, acumulaciones de nieve helada ocupaban el talud de algunas rampas.
Superada una última curva a la derecha, se suaviza el terreno en una recta final sobre un firme muy deteriorado. La llegada a la meta fue controlada electrónicamente, no sin fallos. Por problemas de cobertura de red de forma intermitente en la zona de meta del Veleta se produjeron desfases en la toma de tiempos de algunos participantes. Hemos sabido de las dificultades de la organización, es como si la vetusta montaña se vengase de los intentos de los hombres por someterla.
El cuarto avituallamiento nos ayudó a reponernos. El cortavientos que me entregaron me permitió una bajada más rápida que los otros años, así que pude llegar al aeropuerto de Granada a las 14:30, justo a tiempo para, cansado pero feliz, despedir a mi hija Esmeralda que partía rumbo a París.
Antonio González Martínez

